miércoles, 23 de septiembre de 2015

Es el Estado de Derecho lo que funciona

Sin cesar en el actividad contra ETA, sin parar un segundo para escuchar unas reivindicaciones que no tiene potestad alguna, sin mirar atrás en busca de venganza. La ley y sólo la ley. La aplicación más dura del Estado de Derecho, el trabajo de los Cuerpos y Fuerzas del Estado, la unidad de los demócratas, la lejanía de todo lo que se pierde en derecho del hombre y la colaboración internacional entre gobiernos. Esa ha sido la fórmula seguida por el Gobierno de España en la actualidad y es, sin lugar a dudas, la que funciona para acabar con el terrorismo. 

A lo largo de los años hemos contemplado con estupefacción y miedo cómo han existido aventuras no poco peligrosas a la hora de la lucha contra el terror. Desde la década de acero donde ETA asesinaba casi a diario, hasta los últimos asesinatos cometidos por la banda, los distintos gobiernos democráticos del Reino han llevado una política de seguridad diferente e incluso contraproducente en algunas ocasiones. 

Todos los que conocemos mínimamente la historia política de España recordamos la muerte del Estado de Derecho y la garantía de la defensa del liberalismo real con la creación de los Grupos Antiterrorista de Liberación (GAL) de los gobiernos del PSOE de Felipe González. Con la creación de los GAL se atentó contra los principios que sustentan nuestro Estado, se vio nacer el "terrorismo de Estado" y la podredumbre de un Gobierno que quedó deslegitimado al no aceptar las reglas de convivencia mínimas como es el respeto a la vida de sus propios ciudadanos. Los GAL fueron, y serán una mancha negra en la historia de la libertad y de la democracia que poco o nada ayudaron a combatir el terror. El empeño de llevar a la máxima potencia el principio de "ojo por ojo y diente por diente" sólo sirvió para venganzas y radicalización de las posturas y un aumento de la sed de sangre de los terroristas de ETA y de los terroristas del GAL. Un error, un hecho fanático más cercano a las costumbres dictatoriales que a lo que debe hacer un Gobierno que capitanea un Estado social y democrático de Derecho. 

Tras los años 80, tras la apertura de las investigaciones judiciales a los GAL y tras la famosa "X" que puso el juez Garzón en la investigación de las responsabilidades penales se produjo un cambio en la lucha contra el terrorismo. Se iniciaron las negociaciones que produjo ciertos resultados no menos contradictorios y que puso de nuevo en un brete muy difícil al Estado de Derecho. Pero como en cada paso que ETA capitaneaba las negociaciones fueron sólo la cortina de humo que ellos necesitaban para irse a su público para culpar a España y su gobierno de no querer la paz. Y ETA mientras, seguía asesinando y atentado contra todos los españoles. El error del Gobierno de Felipe González, que repitió en varias ocasiones en sus 13 años de poder, fue no seguir una línea sin descanso contra el terror. Cada vez que ETA anunciaba una tregua o sencillamente intentaban capitanear unas conversaciones, el Gobierno del Partido Socialista decidía frenar las actuaciones policiales contra el terror y ésto ocasionaba que tregua a tregua ETA se fortaleciera y se rearmara.

La última etapa del gobierno de Felipe González, sin la mayoría que le evitaba dar las explicaciones que tan poco le gustó históricamente al PSOE sobre la lucha contra el terrorismo, contra el desvío de los fondos reservados y muchos otros casos, decidió cambiar la estrategia y acercó la lucha contra el terrorismo  a las demás fuerzas políticas. La unidad de los demócratas era, es y debe seguir siendo la línea programática que un Estado como es el español, debe seguir. El intento de asesinato contra el que fuera líder del Partido Popular en 1995, principal líder de la oposición con la colocación de un coche-bomba hizo ver a todo un país la debilidad en la que el Estado de Derecho se encontraba. Un cambio en la visión de la sociedad que iba poco a poco en aumento se aceleró en ese momento y provocó que la unidad contra el terror se terminar de gestar.

Los Gobiernos del Partido Popular dirigidos por José María Aznar quedan grabados por tres grandes hitos: el milagro económico, la entrada al Euro y la desarticulación de gran parte de las estructuras de ETA. Me centro en el último. La llegada de los conservadores y liberales al poder tras 13 años de un socialismo cercano a la socialdemocracia europea (algo que el PSOE actual ha perdido con su actual líder) cambió radicalmente el panorama en la lucha contra el terror. La lucha se centraba en el principio de que por encima de la ley no hay nada, y que a ETA no se convence sino que se le vence. La reestructuración llevada a cabo desde el Ministerio del Interior para la colaboración de todos los Cuerpos y Fuerzas del Estado en la lucha contra ETA llevó a las detenciones de la cúpula terrorista en tres ocasiones en dos años y pocos meses, la desarticulación de varios comandos en ese periodo y a una ETA en decadencia en busca de un notoriedad que no llegó a tener. 

En 1997, tras la tercera caída de su cúpula, ETA buscando la mayor notoriedad posible e intentando volver a imponer el terror en la ciudadanía, secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco en un acto repulsivo y lejos de cualquier sentimiento humano. Intentó chantajear al Gobierno y por ende a toda la ciudadanía española pensando que sus actos de miedo tendría el resultado de achantar a los españoles y consiguió todo lo contrario. El espíritu de Ermua nació del desprecio más absoluto a un acto deleznable y de una bajeza nunca conocido en la España democrática y se elevó el espíritu de unidad contra el terror a toda la ciudadanía que lo único que imploraba y exigía era que "Basta Ya" de terror.

El gran acierto del Gobierno de José María Aznar, con Jaime Mayor Oreja al frente del Ministerio del Interior fue no caer en la trampa de 1998. ETA anunciaba un cese temporal y una tregua. La tregua trampa del 98 sólo sirvió para dos cosas. La primera para que el Gobierno y no ETA impusiera la negociación y para que los Cuerpos y Fuerzas del Estado siguieran con mayor intensidad las desarticulaciones de los distintos comandos. La negociación fue intensa por lo que se ha podido saber en estos años. El Gobierno imponía la entrega de armas y la disolución de la banda para iniciar cualquier negociación y ETA no aceptaba el inicio del fin del terror.

La tregua trampa del 98 se quebró por los que la pusieron encima de la mesa y que jamás aceptó el Gobierno, pues contra el terrorismo en un Estado de Derecho no cabe ninguna tregua, ETA volvió a atentar. La unidad de los demócratas se resquebrajó por la izquierda y se reagrupó por la misma. EL pacto antiterrorista, la aplicación de la Ley de Partidos y el gran trabajo y esfuerzo de todas las Fuerzas del Estado puso ya en el 2002 en jaque, casi mate, a ETA.

La llegada al poder de nuevo del PSOE tras el mayor atentado ocurrido en España y Europa a mano del yihadismo en la capital provocaría que la lucha contra el terrorismo sufriera un revés, que con los años, se ha convertido en histórico. Un PSOE sin preparación y por sorpresa entra a gobernar a España con ideas que poco o nada dictaba de la socialdemocracia europea y que nos llevaría a retroceder varios años en la lucha contra el terrorismo, la reparación de las víctimas y la unidad de los demócratas. Quede destacar que el atentado yihadista no fue el primero que sufrió nuestro país, pero sí el más letal y el peor que cualquier ciudadanía europea había sufrido.

El talante del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero llevado también a la política terrorista con la apertura de las negociaciones en las que se claudicó en varios aspectos hizo dilapidar gran parte de la victoria conseguida por la fuerza del Estado de Derecho. Su última expresión fue la caída de la doctrina Parot que tanto daño ha ocasionado a las víctimas del terror al ver en la calle a los asesinos.

ETA logró en este periodo un hecho que a todos los que creemos en la fuerza de la ley nos indignó, y que garantizaba la victoria de ETA frente a los ciudadanos. Su internacionalización. El Gobierno socialista permitió que un grupo de personas se personaran como "verificadores internacionales" de la tregua. Una de las demandas históricas del grupo terrorista. Sin duda una imagen internacional que simplemente fue desoladora y quedó a la institución de Gobierno de España a la altura más baja posible de la política internacional contra el terror.

Pero ETA volvió a engañar. En mitad de la enésima tregua, mientras el Gobierno se sentaba en la misma mesa y les regalaba la vuelta a las instituciones, la relajación de la lucha contraterrorista y la abolición de la Doctrina Parot los terroristas se dedicaron a robar un almacén de armas, a reagrupar a sus comandos y a refinanciarse. A nadie se nos puede olvidar cómo en un balance público del año el Presidente salió a los medios diciendo que ETA estaba casi derrotada y ésta actuó al día siguiente llevándose por delante la vida de dos personas en el Parking del actual Aeropuerto Adolfo Suárez. ETA consiguió volver a matar, entrar en las instituciones, reagruparse y la caída de la doctrina Parot. Nadie duda que en la lucha contra el terrorismo el último gobierno socialista fue un claro retroceso. La victoria de los demócratas se vio tambaleada y las víctimas fueron relegadas a un injusto segundo plano.

El regreso al gobierno del principal partido conservador provocó un nuevo cambio en la política antiterrorista. La reunificación de los demócratas, la activación de todas las estructuras para que el imperio de la ley se cumpliera y la dureza del Estado de Derecho volvieron a ser los principios en los que se basaría de nuevo la lucha contra el terror. El Gobierno de Mariano Rajoy se encontró de cara con la sentencia que, por desgracia y por seriedad, les tocó acatar. El fin de la Doctrina Parot supuso un mazazo a las víctimas y a todos los demócratas que queremos que los terroristas cumplan íntegramente las penas impuestas por los jueces. 

Pero la gestión del Gobierno del Partido Popular de la última etapa no podía ser más clara. Ante la última tregua que ETA presentó al público, el Gobierno dejó claro su mensaje y aún más claro dejó cual es su intención cuando se sentaron a "negociar" con ETA en la última reunión. Lo único que negocia el Gobierno de España es la disolución de la organización armada, la entrega de armas y la puesta ante la justicia de todos los integrantes de la banda terrorista. Basta con las últimas detenciones acaecidas en los últimos días para ver que, aunque los fanáticos de ETA hablen de tregua el Estado de Derecho sigue trabajando para su liquidación. 

Desde hace un par de años, llevamos escuchando que ETA esta en su recta final. El problema se sustenta en que ese final debe dejar claro quién venció y fue vencido. ETA debe asumir su derrota, entregar todo el arsenal que posee y cada miembro integrante o colaborador ponerse delante de un juez. No esperen benevolencia por entregarse, pues poca recibieron las víctimas de los asesinos. ETA debe entender que es su final que ante la unidad de los demócratas no hay terror, extorsión o chantaje que les sirva. La caída de la última cúpula de la organización terrorista pone de manifiesto que ya no pueden seguir, que los demócratas hemos ganado y que las víctimas deben ser nuestros ejemplos, pues si alguien aún lo duda, son las víctimas los únicos héroes de nuestra democracia. Dieron su vida por la libertad y así se les debe reconocer.

Por último, quiero desde aquí dar mi enhorabuena a todos los integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por su gran labor. Agradecer a todos los hombres y mujeres que día a día luchan para ver el final de ETA. Reconocer desde estas líneas a todas las víctimas y defender su memoria. 



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