sábado, 1 de junio de 2013

Capítulo III: No se corre, se vuela

Año accidentado para mí. Los niños así nos endurecemos, o eso dicen. Ese año visité más de doce ocasiones la enfermería. Caídas, raspones, heridas, magulladuras… Tocaba el silbato para el cambio de hora, nos íbamos a piscina. Recuerdo que me tocaba acercarme a enfermería para curarme una herida que tenía en el brazo, un pequeño raspón que me hice unos días antes.

Cuando los monitores decimos que “no se corre por el camino” es por algo. Las normas que se ponen es por algún motivo, y no hay mejor hecho que sufrir en carnes las razones de las normas.  Y en mucha ocasión los acampados protestaban y siguen protestando, pero la lógica de la norma viene ahora.

Visión desde montículo en el camino hacia la piscina
Salí de la enfermería donde me hicieron la cura, y como llevaba un retraso respecto a mis compañeros y había ganas de meterse en la piscina.  Fui corriendo desde la casa principal hacia la entrada de la piscina. Hay un camino recto, en bajada, con un montículo de piedra en mitad del camino. Escuché a varios monitores decir “por el camino no se corre”, gire mi cabeza a ver quién me lo decía, y tropecé con la piedra, desde el montículo salí volando literalmente. Me acuerdo que el primer golpe fue con el lateral del hombro derecho sobre una piedra y de ahí empecé hacer la croqueta rodando hasta abajo. Sin duda, ahora me rio y muchos de aquellos monitores también se ríen con el tiempo, pero en esa ocasión también se asustaron.

Recuerdo que cuando preguntaban por mi, la frase era “en enfermería”. Son muchas las caídas y muchas normas probadas en propias carnes, y sin duda, lo pícaro que uno fue en el campamento, lo nervio que siempre he sido ahora me sirve en el recuerdo para intentar mejorar día a día en la labor de monitores.

Las caídas, las magulladuras, los moratones, las heridas… son parte de los niños extrovertidos, y creo que en ocasiones luzco esas señales como premios de guerra y es que al fin de cuentas antes de correr siempre se aprende a andar. Creo que los monitores que sentimos el campamento y que encima hemos sido niños del mismo, nos sentimos orgullosos de las cicatrices.


Pensando que sólo llevo tres capítulos y que en todos hablo de golpes, el próximo hablaré de algo menos “guerrero”, quizá de “la momia de Tutankamon”, todavía alguno se pregunta cómo pude escalar esa barra. 

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