miércoles, 11 de julio de 2012

El 12 de Julio España perdió un hijo y el cielo ganó una estrella


Nadie puede negar que hace quince años España fue una sola persona: Miguel Ángel Blanco. Hace quince años sufrimos la sin razón del terror con una violencia moral y física sin precedentes. Quince años en los que hemos visto cómo la sociedad ha ido avanzando y viviendo grandes triunfos sin el olvido, con la memoria de las víctimas y sus familiares. Es obligación decir que no todo el camino ha sido así, hemos sufrido todos los demócratas grandes derrotas al ver cómo el brazo político del terror, del miedo y del asesinato han vuelto a las instituciones.

Amigos, el 12 de Julio de 1997, España se unió y marcó una senda contra el terror sin precedentes. El 12 de Julio España perdió a su hijo a manos de una banda de cobardes. La muerte de nuestro amigo, nuestro compañero, nuestro hijo y hermano no puede quedar en saco roto, no puede ser sólo un número más en las listas de asesinados a mano de ETA. El sacrificio que supone la pérdida humana en pro del Estado de Derecho, de la supremacía de la Ley no puede verse ninguneada por los cambios de colores en los gobiernos nacionales.
Nuestro Presidente del Gobierno en aquellos duros momentos, José María Aznar, expresó que "No podemos olvidar nunca. Ni odio, ni venganza. Pero sobre todo nunca el olvido de lo que ha pasado". Por desgracia, en estos momentos vemos como muchos de los que se encuentran en el arco parlamentario se les ha olvidado que al terror, al miedo y a ETA se les debe vencer y no convencer.

Hace quince años, estando en Coria, siguiendo las noticias en familia con tan sólo 12 años no puedo olvidar las imágenes de los lazos negros en las televisiones, del grito desgarrado de una sociedad cansada de ver la muerte y la desolación por culpa de unos pistoleros canallas. Tengo en mi memoria las manifestaciones de Bilbao y de Madrid, la imagen de unidad democrática de todos los partidos salvo de Herri-Batasuna (ahora BILDU). Pero sobre todo, y no podré jamás olvidarlo y no quiero olvidarlo, el momento justo cuando escuché en la televisión “se ha encontrado un hombre herido en un camino montañoso”, y en ese momento mis padres negando con la cabeza y un solo pensamiento que duró pocos minutos: no puede ser Miguel Ángel. Tras la confirmación de que a ETA no le tembló la mano y cumplió su amenaza, en ese instante sé que lloré al igual que el resto de la sociedad, en ese instante todos renegamos de la condición humana. Se cumplía por tanto un objetivo claro de los terroristas, hundirnos y bajarnos la moral. Pero si algo hemos aprendido con éste asesinato y con, por desgracia, muchos más, es que la sociedad española es fuerte, sabia y sabe recomponerse para dar soluciones.

La noche del 12 al 13 de Julio todavía guardábamos la esperanza de que el cuerpo de Miguel Ángel Blanco pudiera aguantar las heridas mortales que significaron dos tiros en la nuca, pero la desgracia cerró su circulo y nuestro amigo y compañero no pudo aguantar. Esa noche España era consciente del final, pero nadie quería verlo y guardó ese anhelo hasta que la realidad pudo más que la esperanza.

No quiero cerrar el artículo sin decir varios puntos que considero oportunos. No puedo por más que reafirmarme en el honor que significa pertenecer al mismo partido y misma organización en la que militó Miguel Ángel Blanco. Él ha sido hasta hoy y seguirá siendo nuestra imagen de fortaleza y defensa de la libertad. No puedo por menos que recordar que a los que fueron permitidos, por una política errónea, presentarse a unas elecciones no han condenado el vil asesinato de nuestro compañero y eso no se puede permitir.

Acabo diciendo que una sociedad es futuro, pero es presente y sobre todo pasado. La memoria es pasado que fortalece el presente y que da vías para el futuro, y eso debe ser con cada caso de terrorismo que hemos sufrido en nuestro país.

El 12 de Julio España perdió un hijo y el cielo ganó una estrella que debe iluminar y guiar el sendero hacia la victoria de la democracia y la libertad frente a la sinrazón del terror. Mi amor, mi cariño, mi cercanía y sobre todo mi apoyo una vez más a la familia de Miguel Ángel Blanco y de todas la victimas de ETA. 

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