viernes, 15 de junio de 2012

Jóvenes, Democracia....


Jóvenes, Democracia y Libertad: Liberalismo

Empezaré diciendo que en la actualidad España, al igual que Portugal e Italia son estados donde el liberalismo tiende a perderse en los movimientos – y/o partidos – conservadores y progresistas. Sería por tanto falso asumir en nuestro país que el liberalismo lo representa unas siglas políticas.  Por tanto, habría que analizar con mucha cautela si en estos momentos hemos llegado al máximo de los Derechos y Libertades, o bien, la sociedad española se ha adormeció hasta el punto de permitirse que sus representantes políticos no sean capaces de llevar a cabo las propuestas necesarias para abrir el debate sobre esta materia.

No quiero llevar a equivocación. Pero si bien he hablado de liberalismo ideológico y teórico ahora romperé una lanza en materia económica. Lo acontecido en estos tres últimos años de crisis, el intervencionismos en países por parte de entes supranacionales, la restructuración del mercado financiero y laboral, la subida de impuestos, la pérdida de confianza… son sólo la punta del iceberg que nos han mostrado cuando ya no teníamos otra opción que el descarrilamiento. Muchos atacarán al liberalismos económico de esta situación, pero personalmente, al igual que hizo Adam Smith, me decanto por culpar con toda fuerza al intervencionismo maquillado. Países que llevan años viviendo gracias a la evolución positiva de otros países liberales económicamente y que ante momentos de pujanza industrial, económica y financiera no liberaran a estos sectores y, en algunos casos, hicieron que el Estado entrara en juego, son los que ahora han de ser rescatados –intervenidos -  por los “hermanos mayores” y obligados a soltar lastres como las participaciones públicas en empresas privadas, la reducción de empresas públicas, el control del gasto y por tanto de la deuda.

Mirando a España. En la década comprendida entre 1995 y 2005, España llegará a lo que internacionalmente se ha conocido como “el milagro español”. Tenemos que analiza como una década de gran pujanza se ha ido al traste en menos de tres años. España, que llego en 1997 a una tasa de desempleados igual que en la actualidad – 20,15% - ajustó el mercado económico con la liberalización interna, el estado soltó el control y el monopolio de grandes empresas anteriormente públicas lo que provocó una dinamización en todos los sectores implicados, entrando capital extranjero y consiguiendo que hasta 2007 el ciclo fuera ascendente. No dio tiempo a más, el ideólogo económico liberal de éste dinamismo, Rodrigo rato, deja la cartera del Ministerio de Economía en 2004 – al igual que el  Partido Popular dejará también el Gobierno  – y al entrar, frente a esta defensa de liberalismo económico defendida por el Partido Popular, una tendencia de involución liberal y pro intervencionista hizo que el empuje económico positivo sólo pudiera llegar a 2007, donde, y sólo como ejemplo, la tasa de desempleo llegó a estar en el 8.3%. De éste modo, basta la comparación en recuperación económica y de empleo orquestado en la Europa más liberal - Alemania, Francia, Italia, Holanda y Reino Unido -  y la España actual. Frente al crecimiento positivo del último semestre en mencionados países, el nuestro sigue perdiendo Producto Interior Bruto y empleos.

Es posible, que la economía nacional española empiece a salir del atolladero gracias al tirón de las economías nacionales liberales de otros países, pero hay que tener claro que la década en la que España fue la locomotora del empleo y del crecimiento económico europeo han muerto; han muerto sino se hace un cambio radical en las posturas intervencionistas que se están llevando a cabo. Y hasta que esos cambios se produzcan, España, será el país que pase de ser la locomotora, al vagón de freno.

Como se puede apreciar, el liberalismo está cuasi considerado sólo en materia económica desde la reestructuración política europea llevada tras la II Guerra Mundial. Políticamente, esta restructuración fue claramente marcada por la llegada en oleada de textos constitucionales, creando o modificando, dándose en ellos una imprimación liberal haciendo que éstos textos se plasme una serie de derechos innatos al hombre como norma suprema del Estado. No entraré a recordar la Declaración de Luisiana donde nació el movimiento de los Derechos Civiles - por quedar muy atrás en el tiempo -, sí entraré en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 y en la Carta de Derechos del Ciudadano aprobada en el Tratado de Lisboa para los ciudadanos europeos. Ésta última es la unificación europea en tanto a los Derechos y Libertades individuales se trata. Marca por tanto un paso a la construcción social y política de Europa y se aleja de la visión internacional de una Unión meramente económica y pone por primera vez en primera línea una unificación ciudadana y política.

En la actualidad, mientras países políticamente evolucionados han de hacer frente a una juventud que busca el cumplimiento de derechos a la libertad e igualdad. En tono escondido, su principal problema es que deben conseguir el cumplimiento del derecho a un trabajo digno. Por otro lado, frente a la lucha por el derecho a un trabajo digno nos encontramos la búsqueda enervada de los jóvenes de países como Araba Saudí o Egipto, que están en la calle reclamando tener algún derecho real. La carencia de libertad, la imposibilidad de tener reflejados, y ya no digamos, cumplidos los derechos civiles y las libertades políticas y no poseer la garantía de los Derechos humanos está llevando a cabo que las revueltas que originó ésta carencia lleve a dichos países a un impulso liberal casi igual que el acometido en Europa tras mayo del 68.

Volviendo a España, hay que destacar y quizá sea la cuestión con la que abría este pensamiento: la juventud está muy adormecida y amansada. Digo esto haciendo comparación real y objetivo en tanto y cuánto a datos se refiere. Frente a una media del 25% de tasa de paro media en Europa, España se sitúa a más del 50% El pasotismo ha llegado a ser considerado tan grave para la prensa internacional que algunos medios han llegado hacer varias crónicas con títulos que venían a decir: “Europa se revoluciona, España vuelve a ser neutra”. La llegada al 20% del desempleo juvenil en Reino Unido hizo que los estudiantes elevaron la protesta a la calle – influye también la intervención del Gobierno en la libertad de Cátedra del Laborismo y la subida de impuestos y tasas educativas por parte de los Conservadores -. En Francia, el desempleo al 18% y las declaraciones consideradas antiliberales y de cariz xenófobo de un destacado miembro del Gobierno incendió París y sus alrededores durante más de nueve noches consecutivas. En Grecia, la bajada salarial – un 35% menos que en España -, la deuda pública elevada y el aumento del desempleo llevó  a un movimiento juvenil que hizo caer al Gobierno. En Italia, al darse una correlación igual que en Francia, las revueltas se produjeron llegando a una crispación política hasta el punto de que se atentara contra la integridad física de “Il Cavalliere”. Podría buscar más ejemplos, pero creo que queda patente la situación.

Frente a todo lo que ha ocurrido en Europa, España, y sobre todo la España joven está dormida, perdida y, por qué no decirlo, ausente. Cualquiera de nosotros hemos aceptado por inmovilismo. Si el futuro pasa por la administración cobraremos menos y no tendremos la equidad con Europa, permitimos que se pueda despedir con 20 días frente a 45, que nos tendremos que jubilar con 67 años, que los sindicatos sigan siendo subvencionados con dinero estatal y no puedan ejercer su función reivindicativas… nuestro silencio está dando alas a la maquinaria intervencionista del estado frente a la opción liberal que los jóvenes europeos están defendiendo.

No quiero con esta crítica a la pasividad juvenil, defender los actos violentos, no son ni pueden ser estas frases una justificación para dichos actos. La necesidad de un movimiento juvenil fuerte, pacífico y liberal en nuestro país se acrecienta tras las últimas decisiones del actual Gobierno. En todos los países democráticamente avanzados de nuestro entorno, incluso en los no avanzados, los jóvenes se han hecho escuchar. Los universitarios están siendo aplastados por la apatía cuando en realidad deberían ser germen de cambios, altavoces de la sociedad, en definitiva, las universidades debería ser el garante de la libertad presente y futura.

Llegados a este punto, cogiendo las características más básicas del liberalismo, expongo, que si realmente entendemos dicho movimiento como potenciador del individualismo en tanto a derechos y libertades podemos tratar, el universitario actual no podrá por menos que gritar en pro del derecho a poder hacer su proyecto de vida, a tener el derecho a un trabajo que sus años de estudios le cualifican para ello, a poder, sin duda alguna, realizar su vida en el día de hoy y en de mañana.

La defensa de la libertad frente al estado, que en el siglo XIX hizo caer al absolutismo, que en el siglo XX ahorcó a las dictaduras no puede por menos en este siglo, el XXI, garantizar la libertad del ciudadano sea absoluta. Que no sólo busquemos el poder elegir o ser elegidos, que tenemos que defendernos de ataque contra la libertad de expresarnos y debemos, ante todo, tener un órgano independiente, la justicia, que nos garantice la libertad y nuestros derechos. Una garantía de derechos y libertades en las nuevas tecnologías en la sociedad de primeros del XXI, una sociedad ya denomina de la comunicación. Sirva como ejemplo lo acontecido en los últimos meses con la ley que el Gobierno intentó aprobar, la llamada Ley “Sinde”, que dejaba en manos del poder ejecutivo el poder cerrar páginas donde se pudiera hacer descargas sin ser revisada esa decisión por la justicia. El que no saliera adelante, no fue por el movimiento que hubo, de los jóvenes, sino porque no tenían una mayoría. Pensemos que el principal partido actual, no le faltaran los votos para la aprobación, daría igual porque se aprobaría una ley que vejaría la libertad de los internautas. Esta es una demostración más, de la pasividad que estamos mostrando a la hora de defender lo conseguido en los últimos tres siglos.

Otro de los derechos que nos hemos dejado comer y que nuestros mayores nos dejan de herencia, es la perdida de la igualdad. Digo bien, si hablo de lo que es el principio de igualdad defendido por el liberalismo: “El principio de igualdad entre las personas, entendida en lo que se refiere a los diversos campos jurídicos y políticos debe ser completa”. Es decir, “todos los ciudadanos son iguales ante la ley y ante el Estado”. Esta afirmación que es otro de los principios del liberalismo fue cruelmente enterrado el día que se coarto o se infravaloró a un ciudadano del mismo estado en una región distinta. Me explico. No podemos hablar de igualdad para todos si resulta que por no hablar una lengua cooficial – que no oficial - no tenemos derecho a un puesto de trabajo en una administración del estado. No podemos hablar de igualdad cuando existen leyes civiles que condicionan horarios e inversiones de un modo u otro dependiendo del lugar del mismo estado que se esté. No podemos hablar de igualdad ciudadana porque si naces en el norte tienes derecho a un plan o cobertura sanitaria mayor que si naces en el sur. No daré mayor ni menor importancia a muchos otros casos. No hace falta buscarlos para decir con toda claridad que el Estado no está garantizando la igualdad, ni tampoco para afirmar que los jóvenes no estamos luchando contra privilegios de unos en deceso de derechos de otros.

Un punto prioritario del liberalismo desde su nacimiento ha sido y será la defensa de la propiedad privada. El continuo avance económico desde mediados del XVII hasta la actualidad, con las restructuraciones que el mercado hace casi de una manera sistemática al cambiar el ciclo para su buen funcionamiento y su empuje hacia el siguiente ciclo, se ha versado en este derecho. La propiedad privada frente a la pública generó y genera riqueza, con lo que crea inversiones y por lo tanto prosperidad. El Estado no puede administrar todo. El Estado no puede ser empresario, sindicato, defensor de derechos y libertades, trabajador y teórico. Si el Estado hiciese eso, estaríamos hablando de principios y mediados del siglo XX y por lo tanto de dictaduras. Como decía, la propiedad privada, que es un derecho que en los últimos años pocos ataques ha sufrido – habrá que dejar de lado en España el caso RUMASA o el caso BANESTO – ha sido merecedor de reconocimiento. Sin riqueza no hay inversión, sin inversión no hay prosperidad y sin prosperidad no hay flujo de mercado y por tanto no hay creación de empleo o capital. En la actualidad, cuando hablamos de la falta de liquidez de los inversores parece que hablamos de un modo lejano, como si hasta llegar al ciudadano pasaran varios lustros, pero eso no es así. Recordemos, que parte del milagro español conseguido entre 1997 y 2004 fue gracias a que entró en nuestro país inversión, capital, extranjero y que gracias a que existía una propiedad privada de una persona o varias – empresas, holding – se pudo invertir. Si fuera una propiedad y riqueza pública de un país ajeno lo lógico es que esas inversiones no se produjeran en el exterior sino en el propio país con lo que llegaríamos a una defensa nacionalista de inversiones y provocaríamos lo ya mencionado anteriormente. Con esto defiendo que la economía de mercado, la riqueza y la propiedad son básicas para poder generar un mayor empuje social. No nos pueden vender lo contrario, pues si dicen que la política social es la que cubre las necesidades del hombre por parte de las administraciones y por tanto significa el intervencionismo del estado, habrá que recordar que no hay mejor política social para todos, y en especial para los jóvenes, que el estado no intervenga salvo para garantizar la libertad de inversión y con ello garantizar que el derecho a un trabajo digno sea real y que los jóvenes podamos realizar nuestro propio proyecto vital.

(…)

No hay comentarios: