viernes, 29 de enero de 2016

Discurso dimisión Presidente Adolfo Suárez

El 29 de enero de 1981, en un discurso emitido por el Presidente Adolfo Suarez anunciaba su dimisión. Con ese acto demostraba una vez más su compromiso con España, su talla política y el señorío de ser un gran hombre de Estado.
No cabe duda que el Presidente Adolfo Suarez, duque de Suárez ha sido el mejor presidente del Gobierno en tanto y cuanto a gestión política de España. Mucho por aprender de el, mucho ejemplo que recordar y mil acciones políticas por estudiar.



Os dejo el discurso de la dimisión el 29 de enero de 1981.
Hay momentos en la vida de todo hombre en los que asume un especial sentido de la responsabilidad. yo creo que haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor.
Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento irrevocablemente mi dimisión como presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático.
No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos, en los que uno debe preguntarse serena y objetivamente si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él.
He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.
Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento, por poco comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi Patria me exige en este momento.
No me voy por cansancio. No me voy por que haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos lo que somo y lo que queremos.
Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí como la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios. Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona, que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.
Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que ésta es la situación en la que nos hallamos, y por eso mi decisión es tan firme como meditada.
He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en España. Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena.. Pero como frecuentemente ocurre en la Historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España.
Trato de que me decisión sea un acto de estricta lealtad. De lealtad hacia España, cuya vida libre ha de ser el fundamente irrenunciable para superar una historia repleta de traumas y de frustraciones; de lealtad hacia la idea de un centro político que se estructure en forma de partido interclasista, reformista y progresista y que tiene comprometido su esfuerzo en una tarea de erradicación de tantas injusticias como todavía perviven en nuestro país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis esfuerzos por entender que sólo en torno a ella es posible la reconciliación de los españoles y una Patria de todos, y de lealtad, si me lo permiten, hacia mi propia obra.
Pero este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que se produzcan hechos que, como el que asumo, actúen de revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y en las instituciones.
Quizás los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no sean los más adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la he aceptado serenamente. Pero creo que tengo fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la inútil descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que se perjudica el normal y estable funcionamiento de las instituciones democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de Gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de Gobierno basado en la opinión pública. Pero el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier solución con que se trata de enfocar los problemas del país, no son un arma legítima porque, precisamente pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio sistema democrático de convivencia.
Querría transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones para conservar la fe, para mantenerse firmes y confiar en nosotros los españoles. Lo digo con el ansia de quien quiere conservar la fuerza necesaria para fortalecer en todos sus corazones la idea de la unidad de España, la voluntad de fortalecer las instituciones democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a las personas y la legitimidad de los poderes públicos.
Yo por mi parte, les prometo que como diputado y como militante de mi partido seguiré entregado en cuerpo y alma a la defensa y divulgación del compromiso ético y del rearme moral que necesita la sociedad española.
Todos podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la confianza de que, si todos queremos, nadie podrá apartarnos de las metas que, como nación libre y desarrollada nos hemos trazado.
Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos.
Por eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura. Tenemos que mantenernos en la esperanza, convencidos de que las circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo, pero con la seguridad de que si no desfallecemos vamos a seguir adelante.
Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que este cambio sea realmente posible e inmediato.
Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se disipen los descontentos y los desencantos. Y para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo español se agrupe en torno a las ideas básicas, a las instituciones y las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos.
Los principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado para darles solución. En UCD hay hombres capaces de continuar la labor de Gobierno con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado y para afrontar este cambio con toda normalidad. Les pido que les apoyen y que renueven en ellos su confianza para que cuenten con el necesario margen de tiempo para poder culminar la labor emprendida.Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado.
Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo. Muchas gracias a todos y por todo.

miércoles, 13 de enero de 2016

A la espera de la cordura democrática

El segundo partido de la nación, con el menor apoyo recibido en nuestra democracia consigue la presidencia de la mesa de la Cámara Baja. Ese es el titular que todos conocemos. El que fuera Presidente Autonómico del País Vasco gracias al acuerdo del principal partido político de España será hoy la tercera autoridad del Estado tras el jefe del Estado S.M. El Rey y el Presidente del Gobierno. 

Muchos podían creer que al igual que pasara en su momento en la Comunidad Autonómica vasca, podría repetirse en el Estado, pero esta vez de una forma inversa. La falta de mayorías cualificadas provocará en esta legislatura, que según parece será corta, es de las más difíciles de gestionar de nuestra joven democracia. El miedo a que el primer acuerdo sea una falacia por parte de la izquierda tradicional de España sobrevuela el hemiciclo. El miedo del centro liberal y del centro conservador y reformista radica en que el actual líder de la oposición ya ha incumplido en varias ocasiones los pactos que su propio partido había acordado y el pensamiento es claro: no es de fiar. Esa es la realidad. La ruptura del acuerdo en Europa hizo la señal de desconfianza entre los partidos de España y en los líderes europeos, poniendo en el lado de los radicales al partido de corte socialista, que hasta entonces, contaba con el respaldo de la Europa socialdemocrática.

Cuando una herida es demasiado grande, llegar a la meta es la única manera de frenar un desangrando. Y eso es lo que estamos viendo en el segundo partido del país. Tras varias elecciones perdiendo apoyos, colocando los resultados en los peores de la historia democrática su único fin es conseguir gobernar sea como sea para evitar mostrar su último gran fracaso electoral. Intentando crear un imagen engañosa y fraudulenta, como ya hicieron en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, pactando con todos las minorías, sean del corte que sean, para quitar la voluntad de la mayoría de los votantes y haciendo así del mayor ataque la defensa fue como sobrevivió la actual dirección del segundo partido de España. Y ahora, intentan repetir la misma jugada vendiendo los principios a populistas y nacionalistas. Sin duda, las ansias de poder de una izquierda que ha perdido su centralidad ha quedado más que patente.

Ningún analista político puede decir que los datos o la suma no da posibilidad. Pero la pregunta que todos nos hacemos es clara: ¿a cambió de qué? Es imposible pensar que el segundo partido, que con consigue el apoyo más bajo de su historia, intente imponerse a la voluntad mayoritaria del un pueblo que aún no sabe si quiere que se repitan las elecciones o ver un parlamento legislar sobre los derechos y las libertades de los ciudadanos en estos que puede ser el más radicalizado de nuestra historia. La solución no puede pasar por más que un gran acuerdo entre los líderes del mal llamado bloque constitucional o por la repetición de las elecciones a Cortes Generales. 

El aspirante que se ha quedado en el camino y ha hundido a su partido a los peores resultados de su historia debe comprender que no puede legitimarse sólo por la aritmética parlamentaria y debería ver que es necesario, con los grandes desafíos que afronta el país, apostar por un gran pacto entre los principales partidos del país y, de no ser así, tener la decencia de que los ciudadanos podamos decidir entre los dos proyectos que han nacido de las urnas: bloque institucional o bloque populista. 

La realidad es que la desconfianza que se ha creado en la clase política no es sólo por la corrupción, es también por la falta de visión nacional. Los ciudadanos pedimos que nuestros representantes sean capaces de dar un paso al frente para que la gran mayoría, en esta legislatura representada por el Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, sean capaces de acordar, que respetando lo que han dicho las urnas, se sienten y acuerden un proyecto legislativo de reformas que ahonde en la recuperación económica y en darle un mayor crédito a las instituciones. De no ser así, quizá los demócratas debamos esperar a que la solución para volver a la centralidad de quien la ha perdido venga de la mano de Andalucía. 

Sea como fuere, los próximo meses veremos dos opciones. La primera la del respeto a lo que la mayoría de los españoles han decidido con su voto y, con esa opción, la coherencia democráticas. La segunda, la de la suma de perdedores y la incoherencia de que un país sea dirigido por el apoyo de grupos que no saben o no han querido aprender lo que significa la igualdad de derechos, la unidad de un país o la libertad de oportunidades para todos los españoles. 

A lo largo de las próximas semanas esperemos que en este viaje que empieza hoy no terminemos demasiado mareados por las curvas que vamos a vivir. Y si es inevitable las curvas, esperemos que la meta sea un gobierno que dé estabilidad o que, al menos, los votantes podamos volver a decidir nuestro futuro y así sea respetada la voluntad que emane de las urnas. No hay otra. Toca esperar.


domingo, 22 de noviembre de 2015

40 años de la proclamación de S.M. el Rey don Juan Carlos I

Hoy, 22 de noviembre, celebramos en España la Proclamación de S. M. Don Juan Carlos como Rey de España.

Han sido 40 años de monarquía que nos han traído la etapa histórica de mayor progreso y más estabilidad de toda nuestra historia.

Bajo su reinado España pasó de una dictadura a una democracia. De un Estado Autoritario a un Estado social y democrático de Derecho. De la represión política a aceptar incluso la legalización de partidos contrarios a la monarquía mostrando su pluralidad.

Ha sido una época donde los españoles hemos crecido y hemos conseguido avanzar porque hemos sido capaces de trabajar mucho y conjuntamente bajo el reinado de S.M. El Rey Don Juan Carlos I de Borbon, ahora bajo el mando de S.M. el Rey Don Felipe VI debemos seguir avanzando. 
S.M. el Rey don Juan Carlos I ha demostrado estar siempre a la altura de las circunstancias en cada momento. Es un gran hombre de Estado del que sentirse orgulloso.

Por último felicitar tan destacada fecha a S.M. el Rey Don Juan Carlos I. Viva el Rey. Viva España.

Buenas noches